jueves, 18 de diciembre de 2008

San La Muerte



Oracion:
Señor La Muerte,espiritu esqueletico
poderosisimo y fuerte por demas como un Sanson en tu Majestad,indispensable en el momento de peligro,
yo te invoco seguro de tu bondad.
Ruega a Dios Todopoderoso concederme lo que te pido.
Que se arrepienta por toda su vida el que daño o mal de ojo me hizo y que se vuelva contra el enseguida.
Para aquel que en amor me engaña pido que lo hagas volver a mi y si desoye tu voz extraña Buen Espiritu de la Muerte hazle sentir el poder de tu guadaña.
En el juego y en los negocios mi abogado te nombro como el mejor y todo aquel que contra mi se viene hazlo perdedor.
Oh Señor La Muerte ,mi angel Protector !Amen.






¿Quien es San La Muerte?
La leyenda incierta y que posee fuertes raíces en la tradición oral local dan cuenta de un profundo proceso sociológico en donde abundan los ingredientes natos de la provincia de Corrientes: la incomprensión y persecución injusta, el calvario y la entronización desde la justicia fuera de este mundo. Este modelo de arquetipo mitológico lo hemos visto (pero de manera mas incompleta) en el Gauchito Gil. En San la Muerte se da de una manera mas dramática, que por incierta en sus relaciones históricas no deja de darle un fondo profundamente reivindicatorio.
La tradición mas esotérica y que rara vez ha trascendido las fronteras de la mas estricta intimidad nos hablan de un monje que además ejercía la medicina entre los pobres y los aborígenes, acusado de curandería y brujería fue perseguido en esta provincia de Corrientes y dio con sus huesos en la cárcel. Los poderosos de entonces -haría mas de doscientos cincuenta años a la fecha- se encargaron de que tuviera un proceso injusto y cruel pese a su estado eclesiástico. Como pertenecía probablemente a la orden de los jesuitas o de los franciscanos, la curia de entonces no le presto apoyo y dejo que se le condenara a la prisión mas rigurosa debido a las circunstancias políticas del viejo imperio de los reyes españoles que estaba desplomándose en una lucha interna.
El monje cuyo nombre fue deliberadamente olvidado, dio con sus huesos en la prisión virreynal, cerrándose la puerta a cal y canto. Por debajo de la puerta se le fue pasando la comida desde el día de su encarcelamiento (un 13 de agosto) y cuando fueron a constatar su estado el 20 de agosto (es decir ocho días después) para darlo al brazo secular para su tormento publico, se hallaron con un espectáculo horripilante: nada quedaban del monje, salvo un desnudo esqueleto que al momento de entrar sus captores a verlo, debido al alboroto que de armo, movió una mano y apunto a su principal inquisidor. Pálido de muerte este hombre fallecería poco después. Poco a poco sus perseguidores caerían presa de misteriosas enfermedades en el termino de un año, a lo que el pueblo llano atribuyo a la justicia divina por la profanación de un hombre bueno.
Pero si bien el nombre del monje ha caído en el olvido, no así su acción caritativa y cristiana entre los parias, los pobres, los aborígenes y los leprosos de su época. Boca a boca a través de los siglos fue relatándose su leyenda de martirio e incomprensión, su acción bienhechora y su amor al prójimo.
Al milagro de su aspecto esquelético se le dio la denominación de San La Muerte. Toda referencia histórica fue eliminada por la Iglesia y los señores de entonces siendo virtualmente imposible hallar documentos que de fe cierta del proceso y encarcelamiento del monje; pero la tradición popular se mantuvo como una memoria oral intocable e imperecedera y el santo ha regresado del olvido, poco a poco y cada día con mas fuerza para dar su mensaje a los desesperados y atribulados de esta provincia atravesada por un feudalismo recalcitrante y por la injusticia hacia los desposeídos desde siempre.
No es casual el desprecio y la ignominia a la que se le ha querido atribuir a San La Muerte, a la negativa de la Iglesia a cobijar a sus creyentes y del poder, a ignorarlo mientras se favorecen otros cultos que no les son perniciosos para mantener la mansedumbre y dominio de los sumisos. San La Muerte tiene su leyenda negra, pero es comprensible, su aspecto aterrador y su vinculación con la cercanía de la muerte, ese temor horrible destino común a todos los mortales. Pero lejos de ser algo maligno o perverso San La Muerte -según aseveran sus devotos mas fieles- propicia la vida, ayuda al bien morir (en lo espiritual y físico) y a los perseguidos injustamente a los enfermos del cuerpo y del corazón los cobija en los momentos mas difíciles y duros.
Y ellos después regresan para darle las gracias y testimoniar en una prueba de fe que va desde una vela encendida o un cigarrillo en el altar, a las bebidas, los facones y otras demostraciones de devoción que desde su urna de cristal el santo acepta en silencio y con una eterna sonrisa mas enigmática que la de la Gioconda…

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